Y en tanto que llamada a ser luz, así como estoy;
Cuando me destines al Infierno;
No sea yo como estas velas tan apagadas, tan consumidas y tan muertas.
Ni permita yo, que cual luciérnaga de barro, se emponzoñen las piernas.
Dejadme ser sin embargo como la vendedora de cerillas, que busca calor
cuando por sobre la lava de un volcán navega.
Dejadme oír a esos seres gritarme que no pertenezco a esa tierra.
Cuando me destines al Purgatorio;
No quiera Dios que sea yo como una de esas altas farolas, que iluminan
los estadios, los conciertos, las plazuelas...a ritmo de centrifugado.
Dejadme ser de un color chillón, como el reflector de un segurata que te
advierte de los cruces de caminos, te obliga a tomar decisiones y te
recuerda que aún no pisas tierra.
Y cuando me destines al cielo;
Allí donde no hace falta luz, pues todo está iluminado.
Recuérdame que éste, el cielo, tampoco es mi casa, mi tierra,
el claro del bosque o el sitio que anhelas.
Ese que de tan dentro, tan inmediato y tan tuyo, ya no contemplas.
Por último déjame recordarte,
que celebres la vida cuando eres la viva
y celebres la muerte cuando eres la muerta.
OCTUBRE 2024
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